27.10.07

Soy Christopher Walken


Mi peluquero se llama Rolo. Peluquería bien de barrio la que atiende, es una parada obligada de todos los que vivimos por los alrededores. Desde hace varios años ya puso también una agencia de quiniela. Un lugar pintoresco si se quiere. Rolo por supuesto esta a tono. Tucumano él, me corta el pelo a mi y a mi viejo desde tiempos inmemoriales.

El sábado pasado fui a cortarme el pelo, y bajo expresas instrucciones Rolo cumplió con su labor: “lo quiero asi, asi, asa, asa” le decía mientras acompañaba la explicación con un movimiento de manos que simulaban a la vez el corte de la tijera y la forma final del pelo.

Claro, todo esto fue en vano. Como siempre Rolo hizo lo que quiso. Y el pelo me quedo como el tujes:

Soy Christopher Walken

20.10.07

La libertad de los pueblos no consiste en palabras, ni debe existir en los papeles solamente.

Ubiquémonos en el 5 de diciembre de 1810. Lugar, el Regimiento de Patricios. La ocasión, una fiesta para celebrar la victoria de Suipacha. En dicha ocasión el capitán de Húsares Atanasio Duarte, que había tomado algunas copas de más, propuso un brindis "por el primer rey y emperador de América, Don Cornelio Saavedra" y le ofreció a doña Saturnina, la esposa de Saavedra, una corona de azúcar que adornaba una torta.

Cuando Moreno se enteró del episodio redactó el siguiente decreto que fue firmado por todos los miembros de la Junta y publicado en la Gaceta.

Gaceta de Buenos Aires (1810-1821), cit., p (711): correspondiente al 8 de diciembre de 1810.

Orden del día

En vano publicaría esta Junta principios liberales, que hagan apreciar á los pueblos el inestimable don de su libertad, si permitiese la continuacion de aquellos prestigios, que por desgracia de la humanidad inventaron los tiranos, para sofocar los sentimientos de la naturaleza Privada la multitud de luces necesarias, para dar su verdadero valor á todas las cosas; reducida por la condicion de sus tareas á no extender sus meditaciones mas allá de sus primeras necesidades; acostumbrada á ver los magistrados y xefes envueltos en un brillo, que deslumbra á los demas, y los separa de su inmediacion; confunde los inciensos y homenages con la autoridad de los que los disfrutan; y jamas se detiene en buscar á el xefe por los titulos que lo constituyen, sino por el voto y condecoraciones con que siempre lo ha visto distinguido. De aquí es, que el usurpador, el déspota, el asesino de su patria arrastra por una calle pública la veneracion y respeto de un gentío inmenso, al paso que carga la exacracion de los filosofos, y las maldiciones de los buenos ciudadanos; y de aquí es, que á presencia de ese aparato exterior, precursor seguro de castigos y todo género de violencias, tiemblan los hombres oprimidos, y se asustan de si mismos, si alguna vez el exceso de opresion les habia hecho pensar en secreto algun remedio.
¡Infelices pueblos los que viven reducidos á una condicion tan humillante! Si el abatimiento de sus espiritus no sofocase todos los pensamientos nobles y generosos, si el sufrimiento continuado de tantos males no hubiese extinguido hasta el deseo de libertarse de ellos, correrían á aquellos paises felices, en que una constitucion justa y liberal dá unicamente á las virtudes el respeto, que los tiranos exigen para los trapos y galones abandonarían sus hogares, huirían de sus domicilios, y dexando anegados á los déspotas en el fiero placer de haber asolado las provincias con sus opresiones, vivirían baxo el dulce dogma de la igualdad que raras veces posee la tierra, porque raras veces lo merecen sus habitantes. ¿Qué comparacion tiene un gran pueblo de esclavos, que con su sangre compra victorias, que aumenten el luxo, las carrozas, las escoltas de los que lo dominan, con una ciudad de hombres libres, en que el magistrado no se distingue de los demas, sino porque hace observar las leyes, y termína las diferencias de sus conciudadanos? Todas las clases del estado se acercan con confianza á los depositarios de la autoridad, porque en los actos sociales han alternado francamente con todos ellos; el pobre explica sus acciones sin timidéz, porque ha conversado muchas veces familiarmente con el juez que le escucha; el magistrado no muestra seño en el tribunal, á hombres que despues podrían despreciarlo en la tertúlia; y sin embargo no mengua el respeto de la magistratura, porque sus decisiones son dictadas por la ley, sostenidas por la constitucion, y executadas por la inflexlble firmeza de hombres justos é incorruptibles.

Se avergonzaría la Junta, y se consideraría acreedora á la indignacion de este generoso pueblo, si desde los primeros momentos de su instalacion, hubiese desmentido una sola vez los sublimes principios, que ha proclamado. Es verdad que consequente á la acta de su ereccion decreto al Presidente en orden de 28 de mayo los mismos honores, que antes se habian dispensado á los vireyes; pero este fue un sacrificio transitorio de sus propios senimientos, que consagró al bien general de este pueblo. La costumbre de ver á los vireyes rodeados de escoltas y condecoraciones habría hecho desmerecer el concepto de la nueva autoridad, si se presentaba desnuda de los mismos realces; quedaba entre nosotros el virey depueso; quedaba una audiencia formada por los principios de divinizacion de los déspotas; y el vulgo que solo se conduce por lo que vé, se resentiría de que sus representantes no gozasen el aparato exterior, de que habian disfrutado los tiranos, y se apoderaría de su espíritu la perjudicial impresion, de que los xefes populares no revestian el elevado caracter, de los que nos venian de España. Esta consideracion precisó á la Junta á decretar honores al Presidente, presentando á el pueblo la misma pompa del antiguo simulacro, hasta que repetidas lecciones lo dispusiesen á recibir sin riesgo de equivocarse el precioso presente de su libertad. Se mortificó bastante la moderacion del Presidente con aquella disposicion, pero fué preciso ceder á la necesidad, y la Junta executo un arbitrio politico, que exigian las circunstancias, salvando al mismo tiempo la pureza de sus intenciones con la declaratoria, de que los demas Vocales no gozasen honores, tratamiento, ni otra clase de distinciones.

Un remedio tan peligroso á los derechos del pueblo, y tan contrario á las intenciones de la Junta, no ha debido durar sino el tiempo muy preciso, para conseguir los justos fines, que se propusieron. Su continuacion sería sumamente arriesgada, pues los hombres sencillos creerían ver un virey en la carroza escoltada, que siempre usaron aquellos xefes; y los malignos nos imputarían miras ambiciosas, que jamas han abrigado nuestros corazones. Tampoco podrían fructificar los principios liberales, que con tanta sinceridad comunicamos; pues el comun de los hombres tiene en los ojos la principal guia de su razon, y no comprenderían la igualdad, que les anunciamos, mientras nos viesen rodeados de la misma pompa y aparato, con que los antiguos déspotas esclavizaron á sus súbditos.

La libertad de los pueblos no consiste en palabras, ni debe existir en los papeles solamente. Qualquier déspota puede obligar á sus esclavos, á que canten himnos á la libertad; y este cántico maquinal es muy compatible con las cadenas, y opresion de los que lo entonan. Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad. ¿Si me considero igual á mis conciudadanos, porque me hé de presentar de un modo, que les enseñe, que son menos que yo? Mi superioridad solo existe en el acto de exercer la magistratura, que se me ha confiado; en las demas funciones de la sociedad soy un ciudadano, sin derecho á otras consideraciones, que las que merezca por mis virtudes.

No son estos vanos temores de que un gobierno moderado pueda alguna vez prescindir. Por desgracia de la sociedad existen en todas partes hombres venales y baxos, que no teniendo otros recursos para su fortuna, que los de la vil adulacion, tientan de mil modos á los que mandan, lisongean todas sus pasiones, y tratan de comprar su favor á costa de los derechos, y prerogativas de los demas. Los hombres de bien no siempre están dispuestos ni en ocasion de sostener una batalla en cada tentativa de los bribones; y así se enfria gradualmente el espiritu público, y se pierde el horror a la tirania. Permitasenos el justo desahogo de decir á la faz del mundo, que nuestros conciudadanos han depositado provisoriamente su autoridad en nueve hombres, á quienes jamas trastornará la lisonja, y que juran por lo mas sagrado, que se venera sobre la tierra, no haber dado entra a en sus corazones á un solo pensamiento de ambicion o tirania: pero ya hemos dicho otra vez, que el pueblo no debe contentarse con que seamos justos, sino que debe tratar, de que lo seamos forzosamente. Mañana se celebra el congreso, y se acaba nuestra representacion; es pues un deber nuestro, disipar de tal modo las preocupaciones favorables á la tiranía, que si por desgracia nos sucediesen hombres de sentimientos menos puros, que los nuestros, no encuentren en las costumbres de los pueblos el menor apoyo, para burlarse de sus deréchos. En esta virtud ha acordado la Junta el siguiente reglamento, en cuya puntual é invariable observancia empeña su palabra, y el exercicio de todo su poder.

1º El artículo 8º de la órden del dia 28 de mayo de 1810, queda revocado y anulado en todas sus partes.

2º Habrá desde este dia absoluta, perfecta, é idéntica igualdad entre el Presidente, y demas Vocales de la Junta, sin mas diferencia, que el orden numerario, y gradual de los asientos.

3º Solamente la Junta reunida en actos de etiqueta y ceremonia tendrá los honores militares, escolta, y tratamiento, que están establecidos.

4º Ni el Presidente, ni algun otro individuo de la Junta en particular revestirán carácter público, ni tendrán comitiva, escolta, ó aparato que los distinga de los demas ciudadanos. 5º Todo decreto, oficio, y órden de la Junta deberá ir firmado de ella, debiendo concurrir quatro firmas quando menos con la del respectivo Secretario.

6º Todo empleado, funcionario público, ó ciudadano, que execute órdenes, que no vayan suscriptas en la forma prescripta en el anterior artículo, será responsable á el gobierno de la execucion.

7º Se retirarán todas las centinelas del palacio, dexando solamente las de las puertas de la Fortaleza, y sus bastiones.

8º Se prohibe todo brindis, viva, ó aclamacion pública en favor de individuos particulares de la Junta. Si éstos son justos, vivirán en el corazon de sus conciudadanos: ellos no aprecian bocas, que han sido profanadas con elogios de los tiranos.

9º No se podrá brindar sino por la patria, por sus derechos, por la gloria de nuestras armas, y por objetos generales concernientes á la pública felicidad.

10 Toda persona, que brindase por algun individuo particular de la Junta, será desterrado por seis años.

11 Habiendo echado un brindis D. Atanasio Duarte, con que ofendío la providad del Presidente, y atacó los derechos de la patria, debía perecer en un cadalso; por el estado de embriaguez en que se hallaba, se le perdona la vida; pero se destierra perpetuamente de esta ciudad; porque un habitante de Buenos Ayres ni ebrio ni dormido debe tener impresiones contra la libertad de su pais.

12 No debiendo confundirse nuestra milicia nacional con la milicia mercenaria de los tiranos, se prohibe que ningun centinela impida la libre entrada en toda funcion y concurrencia pública á los ciudadanos decentes, que la pretendan. El oficial que quebrante esta regla será depuesto de su empleo.

13 Las esposas de los funcionarios públicos políticos y militares no disfrutarán los honores de armas ni demas prerogativas de sus maridos: estas distinciones las concede el estado á los empleos, y no pueden comunicarse sino á los individuos que los exercen.

14 En las diversiones públicas de toros, ópera, comedia &c. no tendrá la Junta palco, ni lugar determinado: los individuos de ella, que quieran concurrir, comprarán lugar como qualquier ciudadano; el Excmo. Cabildo, á quien toca la presidencia y gobierno de aquellos actos por medio de los individuos comisionados para el efecto, será el que unicamente tenga una posicion de preferencia.

15 Desde este dia queda concluido todo el ceremonial de iglesia con las autoridades civiles: estas no concurren al templo á recibir inciensos, sino á tributarlos al Ser Supremo. Solamente subsiste el recibimiento en la puerta por los canonigos y dignidades en la forma acostumbrada. No habrán coxines, sitial, ni distintivo entre los individuos de la Junta.

16 Este reglamento se publicará en la gazeta, y con esta publicacion se tendrá por circulado á todos los xefes políticos, militares, corporaciones, y vecinos, para su puntual observancia.

Dado en Buenos Ayres en la Sala de la Junta á 6 de diciembre de 1810 = Cornelio de Saavedra. = Miguel de Azcuenaga. = Dr. Manuel de Alberti. = Domingo Mateú. = Juan Larrea. = Dr. Juan José Passo, Secretario. = Dr. Mariano Moreno, Secretario.

6 de diciembre de 1810
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

10.10.07

Agustín Carlevaro interpretando Adiós Nonino



Ya que estoy medio tanguero, les dejo una versión de Adios Nonino (Piazzolla) del maestro uruguayo Agustín Carlevaro. Brillante interpretación y brillante explicación, por tanto imperdible.

9.10.07

Anderson & Roe Piano Duo interprentan "LIBERTANGO" (Piazzolla)



Sinceramente, brillante. El tema, los arreglos, la interpretación, el sentimiento, el video y la actuación... un video que realmente vale la pena.

6.10.07

Tengo internet


No se preocupen mas, tengo internet. Pueden dormir tranquilos.

quémirásbajácagón

Hay cosas que me sacan, muchas y en muchos ámbitos diferentes, supongo que ya lo he mencionado anteriormente. Quizás esto es lo que me hace un poco parte del “todos” en el que vivo. Lamentablemente –o no- estas cosas no son pocas. En atención a mi salud mental es que suelo “dejar pasar” la gran mayoría de las cosas que me molestan. Sin embargo hay cosas que no puedo dejar pasar.

No fue la primera vez que me encontré con un carterista en un bondi. Estaba en la secundaria –segundo año quizás- y para ir a mi casa tomaba la línea 41 –que al día de hoy sigue llevándome a mi casa, con menos frecuencia-. Morocho con un mostacho negro, puedo ver en mi cabeza su cara perfectamente. Tenía en su hombro derecho un bolso y en el izquierdo un botinero, que utilizaba para cubrir su brazo y mano. Noté algo raro desde el momento en que subió, la mirada acaso. Estigmatización del poder punitivo, vulnerabilidad ante el poder punitivo, o simple olfato irracional; no importa como lo explique, lo cierto es que lo observé detenidamente, hasta que hizo su intento de abrir una cartera. Imposible estar confundiéndome, lo veía claramente abrir la cartera de cuero negro mientras el resto de los pasajeros estaban en la luna de valencia –incluida la ocasional víctima-. La adrenalina me subió, dudé un segundo –no mas- y con una voz algo entrecortada recuerdo gritar “señora, ese tipo le está abriendo la cartera”-. El tipo me miró directo a los ojos, y sin tener tiempo de odiarme, rápida pero tranquilamente se dirigió a la puerta del fondo para bajarse del colectivo mientras repetía “no, no, no” y metía el botinero en el bolso.

Algo así como un año después, también en el 41 tuve la “suerte” de cruzarme otra vez con el mismo carterista. En esa nueva oportunidad lo vi desde un asiento del fondo merodear con la vista, con el mismo mostacho, el mismo bolso, pero esta vez con una bolsa cubriéndole el brazo izquierdo. No tardó mucho en elegir a la nueva señora descuidada, curiosamente ubicada enfrente de mí. Tuve suerte, supongo, pues no me vio, o no me reconoció o no me registraba. Se dispuso a su faena pensando que todos estaban en su mundo, y en esa oportunidad ya no dude. Grité con confianza algo así como “le estas robando a la señora, estás metiendo la mano en su bolso”. No recuerdo las palabras exactas, pero si recuerdo mi decisión, las ganas de arruinarle la guachada por segunda vez al mismo tipo. Otra vez me miró fijo y en ese momento estoy seguro que me reconoció. No dijo nada y se bajó ante un abucheo generalizado. A diferencia de la primera vez, me sentí mas tranquilo, confiado y contento.

El sábado 22 fui a jugar a la pelota en la tarde. Jugué muy mal, desastroso. Esto sumando a mi pésimo estado físico y el haber dejado de jugar seguido, matizaron una tarde olvidable. Traté lo mas que pude ocultar mi mal humor, pero era evidente la mala leche que traía. Al terminar el partido dudé si irme caminado o tomar un bondi que me acerque a casa. La pequeña molestia en la pierna izquierda me terminó de convencer.

Cuando subí al colectivo me quedé parado al lado de una chica, joven, linda, morochita medio rolinga con una mochila jipona en su espalda. La miré, no pude evitarlo, pero la cantidad de gente parada me ponía de peor humor. Dos o tres paradas después suben al colectivo dos tipos, un viejo cuarentón y un pibe bastante alto, veinteañero él. Me llamó la atención que preguntara –el pibe- si el colectivo llegaba a constitución, no se porque, pero me llamó la atención. Inmediatamente se comportaron de manera extraña. Se pararon al frente y miraron detenidamente al fondo. El pibe se fue al fondo y el viejo se paró en el pasillo justo de espaldas a mí, mirando la espalda de dos señoras. “Raro”, pensé ya que había lugar para ponerse en cualquiera de mis costados o de las dos chicas. Tenía puesta mi mochila en la espalda, y ver la situación la dejé colgando de un solo brazo, para evitar tocar al viejo. Mientras tanto ambos seguían mirando a todo el mundo. Inmediatamente el viejo y el pibe se ponen cada uno a un costado de la chica rolinga. Recién en ese momento les vi la cara a ambos: morochos, el viejo con unos anteojos dorados y el pibe de pelo corto onda cumbiero. El viejo con una campera cubriendo su brazo izquierdo y el pibe con una bolsa con el mismo plan. No tardó el mas grande en abrir la mochila de la rolinga, que por cierto a estas alturas se entretenía mirando la calle. Dudé, reconozco. Dudé. Más de un segundo. Eran dos y me incomodaba la cara perdida del mas joven. Pero no aguanté, y como aquella primera vez me subió la adrenalina cuando le dije al viejo “me puede decir la hora”. Evidentemente no esperaba mi pregunta, y contestó con un “no” nervioso mostrando su muñeca derecha –la no ocupada-. Inconforme le digo “no, ¿en la izquierda no tenés la hora?”. Todavía tenía la mano en la mochila el tipo, acaso sin darse cuenta. Agarra su campera con la mano derecha y con un seco “no” me mira a los ojos. Por suerte la chica se dio cuenta y salvó sus cosas poniendo su mochila sobre su pecho.

A todo esto perdí tontamente de vista al mas joven por enfocarme en quien hacía el “laburo”. Para cuando me percate que la mirada del pibe se focalizaba en mí la chica, un poco asustada al darse cuenta del momento comienza a ir al fondo para bajarse. Y estos dos tipos la siguen. De nuevo, no pude evitarlo y empujando gente me coloqué detrás de ella, delante de los dos tipos que comenzaban a empujarme. Por suerte de un semáforo en rojo y de un flaco que -creo se dio cuenta de la situación- hizo sonar el timbre para bajar y la morochita rolinga bajó apurada del colectivo. Quedé yo que obstinadamente evité el avancé de los dos tipos. Al arrancar ya los tenía de cada lado, encerrándome. Miré a los ojos al viejo quien besándose el puño dijo “¿Qué miras?”. Se dio entonces un pequeño forcejeo entre los tres, del cual pude zafarme empujando al viejo, no sin antes sufrir sigilosas patadas en la pierna por parte del pibe.

Por cierto, la gente en el colectivo, bien gracias.

Llegué al lado del colectivero y recién en ese momento en voz alta advertí a los restantes pasajeros sobre los carteristas. No recuerdo las palabras que usé, estaba un poco nervioso. Mis amigos carteristas me comenzaron a insultar, pero rápidamente se bajaron, entiendo que mas por vergüenza que por miedo. Desde arriba veía al pibe que me apuraba con un poco entendible “quémirásbajácagón”.

Suelo dejar pasar muchas cosas, detesto muchas actitudes de la gente que me rodea ya sea ocasionalmente o no. La mayoría las dejo pasar porque o no me importa la idiotez de la persona o entiendo que no vale la pena hacerse mala sangre por gente que no merece que le dedique mi tiempo. Sin embargo hay cosas que no puedo dejar pasar… quizás sea… las ganas de buscar lo correcto. Quizás.

4.10.07

Por cierto, je

Ya que estoy en plan "escribiendo otra vez", aprovecho para hacer un breve comentario sobre mi pequeña paranoia persecutoria. Resulta que los pasos que escuchaba no eran tales, sino que simplemente eran un ruido similar producido por una pequeña piedrita que se metió en el taco de mi zapato. Una boludez gigantesca como una casa, pero bueno. ¡Ah! tampoco ando escuchando voces (aunque sigo encontrando excusas para girar sobre mi eje en la zona de tribunales).